18 nov. 2011

Día 3. Moni, date prisa

 *En capítulos anteriores...
Desayuno en la cama
Paseo por el bosque
La danza de la lluvia
Coffeshop
Vuelta con el psicópata español

Recordáis lo de cambiar la hora ¿no? Pues bien, no sabíamos si en los móviles se cambiaba sólo o teníamos que hacerlo nosotros... Se cambiaría a las 3 de la mañana pero a esa hora nosotros estaríamos dormidos así que no sabíamos que hacer. Creo que cada uno se puso 2 alarmas por si acaso. Era importante coger los trenes a sus horas o llegaríamos muy tarde.

El primer móvil que sonó fue el mío. Se supone que a las 8 de la mañana, PERO NO. Bueno, dejando a un lado que la única que se despertó fui yo y que me daba pena decirles nada... fueron ratos confusos. Cada uno tenía una hora diferente. CADA UNO. Moni se levantó a ver la hora de la cocina que nadie había cambiado y así conoceríamos la verdad. En realidad eran las 7 de la mañana. Ellos fueron muy comprensivos pero seguro que se cagaron en mi y en mi orientación temporal pudiendo haber dormido una hora más. 
Se fueron a duchar y yo me quedé tumbada (porque me había duchado la noche anterior para no tener que levantarme antes, JA). Estuvimos haciendo pompas por la ventana, desayunando... ya sabéis, esas cosas.

Yo tenía que preparar la maleta porque sería mi último día en Tilburg, y comenzaría mi aventura con Carlos en Amsterdam. Así que una vez listos, todos y mi maleta bajamos los 6 pisos. Pero que la maleta la bajé YO SOLA. Cuando ya íbamos por el segundo piso Mario se acordó de mi y tal... jajajaja.
Necesitabamos cambio para el billete de tren y fuimos al Albert Heijn pero OH WAIT! Era domingo y estaba cerrado. TODO estaba cerrado. Como tenía la maleta y pesaba bastante fui yendo a la estación mientras Moni y Mario fueron en busca de algún establecimiento o persona que nos pudiese ayudar. Les estuve esperando un buen rato, y yo en mi línea haciendo fotos y autofotos. Estaba parada en las escaleras sin la intención de subir y aún así una amable señora se ofreció a ayudarme. Qué bonicos son joder.

Esa misma señora, se haría amiga de Moni. Volvieron sin éxito así que tocaba pedirle a la gente que estaba allí el cambio. Como ella es tan sociable le dijimos que lo pidiese. Mario insistió: "Moni, date prisa" Quedaban pocos minutos para que llegase el tren. Él y yo contemplábamos como andaban tranquilamente y hablaban sin reparo alguno, pero no de dinero. Fueron también tranquilamente hacia otra pareja para ver si tenían suelto. Nosotros nos desesperamos y hablamos con una familia que nos dio mogollón de monedas. Luego le pedimos a otra señora y conseguimos los 20€ en, repito, MONEDAS. Cuando ya íbamos a comprar los billetes viene Moni a decirnos que había conseguido algo. Daba igual, ya lo habíamos hecho nosotros desesperados mientras ella hacía amigas de 60 años, jajajajaja.

Mientras esperábamos el tren, nos hicimos las últimas fotos en Tilburg. Hay varias muy buenas de "Mario, por cara de pena" y el no se enteró y sale super feliz mientras yo pongo pucheros. Luego nos hicimos una felices y salimos jodidamente bien. Tengo que decir que Moni es la única persona, que ha sabido hacerme una foto sonriendo enseñando los dientes y que haya quedado BIEN. También nos hicimos fotos de "Oh mira, hemos conseguido cambio y tenemos el billete". En el tren seguimos haciendo fotos. Intentar poner la maleta en algún sitio fue complicado pero lo conseguimos. 

Teníamos que hacer transbordo en mi querido s'Hertongenbosch y esperar unos 20 min a coger el siguiente tren. No sabíamos muy bien qué anden era y demás así que Moni se acercó al revisor y por ser amable le preguntó si era el revisor a lo que contesta:
-OF COURSE
Bueno señor, tranquilícese. El caso es que ni el propio hombre lo sabía y lo estuvo mirando en una maquinita que tenía. Total, que fuimos a comprar agua y para pasar el rato hicimos un vídeo mu rico. Yo intentando decir bien el puto nombre de la estación. Llegó el tren y montamos.
Tengo que decir, que creo que en Moni se sentó al lado de una señora y se hicieron amigas también. Mario y yo en cambio acojonados porque un señor muy mayor y muy feo se daba la vuelta constantemente para mirarnos mal. Y no hacíamos nada... ¡¡lo juramos!!

Y nada, llegamos por fin a Amsterdam. Salimos y estaba muy nublado pero nos daba igual... nuestra ilusión iluminaba la ciudad. Quisimos hacernos una foto los tres, y después de intentarlo y yo parecer una gigante cabezuda, le pedimos a una chica que nos la hiciese. Se convirtió en nuestra fotógrafa porque cada vez que se añadía gente al grupo (Borja y Héctor y después Carlos) nos hacía una foto. Tenemos una grupal preciosa allí. Y termino esta entrada para contar mejor en la que viene los reencuentros y aventuras por la ciudad de los tulipanes.


 Haciendo pompas desde la ventana


 Esperando en la estación


 Me tenía que hacer una foto con el cartel (se ve mi ceja)


Esperando para subir al tren



*En el próximo capítulo
Reencuentros
Ir a la residencia de Carlos con mi maleta
Pasear por Amsterdam
Barrio Rojo y Coffeshop
Cena en el italiano

14 nov. 2011

Día 2. La danza de la lluvia

*En capítulos anteriores...
Mónica invade el espacio de Martin
Compra en el Albert Heijn
Maquillaje y fiesta de Halloween
Vuelta a la residencia con la bici maldita
Incidente con dos jóvenes holandeses


Nos despertamos a la mañana siguiente, relativamente pronto. Bastante cansados, y yo soy muy muy perezosa y me cuesta horrores salir rápido de la cama (colchón más bien) pero Moni enseguida se levantó a traernos el desayuno, la bonica. Leche y galletas de vainilla, que triunfaron mucho en el viaje. Y cookies mu ricas también.
Nos vestimos y hacemos un poco el gañan por la resi, haciéndonos fotos, por supuesto. Y una de ellas fue la más desconcertante de mi vida. Nos sentamos los tres en un sofá y dijimos que íbamos a mirar al mismo objeto. Pero en la foto parecía que cada uno estaba mirando a otro lado diferente (y juramos que no, que miramos al ser sin forma definida que ya os enseñaré). Digna de enviar a Íker Jiménez. Ah, también nos hicimos fotos en el baño, sigo sin saber muy bien por qué... Creo que fue el argentino (que estaba to buenaco) el que entró en ese momento y debió pensar que somos unas paletas (tampoco iría desencaminado)

Salimos de la resi y ya empezamos a ver lo que es realmente el otoño. Qué preciosidad de paisajes, y es que en plena calle puedes observar lo bonita que es la naturaleza. Árboles repletos de hojas de todos los colores, rojo, naranja, amarillo.... de todas las tonalidades. Es algo que no había visto nunca. Aquí en Madrid, antes de que se coloreen las hojas ya están en el suelo, y no puedes ver los contrastes. 
Nos dirigimos a la universidad de Mario. Estaba cerrada, pero desde fuera ya puedes ver lo avanzados que están en todo. Y pensar en lo atrasados que estamos nosotros. Y la Complutense ni os cuento. Además nos estuvo contando Mario que sus pizarras se sacan del suelo, que son electrónicas, que lo que escribe el profesor en ellas luego se sube al campus virtual.... vamos, lo mismico que en nuestra Facultad (IRONÍA). Entramos en la biblioteca, y nos quedamos con los ojos como a un conejo cuando le dan las "largas". Qué silencio, qué iluminado, qué limpio, qué moderno, qué ordenadores (con dos pantallas para trabajar en equipo) con ascensor... Tocamos todo lo que pudimos, nos sentamos, cogimos libros... Dios mío, de veras que el alemán "suena como si estuvieras vomitando cemento". Incluso en las paredes había frases de gente importante.

Maravilladas con semejante edificio, nos fuimos al bosque que tienen al lado. Llorar, es que es querer llorar de lo bonito que era. Qué paz, qué senderos, colores, sensaciones... Pero lo mejor fue la conversación que tuvimos. Creo que fue perfecta esa escena. Es un auténtico placer hablar con ellos y contar con su apoyo.No sé, no es algo que pueda explicar... así que me quedo ese recuerdo para mi. Gracias chicos.
Hice unas fotos preciosas, y nos hicimos fotos nosotros también. Yo no sé si era la compañía, el sitio o qué... pero estaba jodidamente bella. Me encanto en las fotos, eso es así.

Después volvimos a la residencia para comer. Es que hasta hacía buen día... todo nos acompañaba. Hicimos (como no) espaguetis, con su salsa de tomate y trozos de salchicha. Había hambre, y después de comer... hablar, y hablar, y seguimos hablando ¡HASTA QUE SE HIZO DE NOCHE! Reconozco que me hubiese gustado ver el centro de Tilburg de día, pero no cambio ese rato por nada. Os juro que me quité una carga del pecho con esa conversación. Es que hasta respiraba mejor.No sabéis lo bien que me sentó el viaje y ver a Mario. Y que mi acompañante fuese Moni, lo superaba todo ya.

Estando en la habitación, tuvimos desvaríos varios. Mario por ejemplo, nos preguntó si iríamos a "su boda nudista". Así, sin más... cosas que se le ocurren a uno. Entonces empezamos a visualizar la típica playa paradisíaca, con un montón de invitados desnudos e indígenas haciendo LA DANZA DE LA LLUVIA. Aquí la cosa se nos fue de las manos y Mario creó realmente el baile de la lluvia. No os lo puedo describir. Pa verlo, desde luego. No me pude reír más... está fatal de lo suyo el hombre, pero nosotras no nos quedamos atrás y bailamos con él. Hay vídeo y todo (sé que contado pierde, pero fue el momentazo del día)

Al final conseguimos salir de la residencia y decidimos ir andando al centro. Mi cámara se quedó sin pilas así que Mario me dejó su camaraca réflex para que lo gozase y diese rienda suelta a mi talento. Tuvo su parte buena, que hice fotacas y disfruté muchísimo, pero por otro lado me marginaban. Es cierto que soy una pesada, lo sé... y soy peor que un chino y hago fotos a todo... por lo que me quedaba atrás y SOLA. Luego se lo comenté a ellos, pero a la vuelta hicieron lo mismo. DEJARME SOLA con mis fotos (pullitas que meto así de gratis, jajaja).

Fuimos a un coffeshop . El portero era cubano y nos saludó en español. Subimos a la planta de arriba y yo estaba que me cabía una sandía por el ojete de lo bonito que era y la luz que había. Fotacas aseguradas (y así fue). Moni y yo nos pedimos un batido de limón, que era como un yogur que sabía a mousse de limón. Más o menos así, el caso es que estaba MU RICO. El camarero era un poco rancio, eso sí. Pues nada, ya sabéis lo que se hace en un coffeshop, tal y  cual. Tuvimos conversaciones muy profundas, hablamos de Dios, de la creación del universo, del cambio climático... No recuerdo ahora exactamente la palabra que empleábamos siempre, pero recuerdo perfectamente el gesto de las manos indicando como que había una implosión. Bueno, no entenderéis una mierda pero Moni y Mario seguro que se ríen al recordarlo.

No recuerdo si cenamos, o lo que cenamos... pero el caso es que estuvimos dando vueltas y nos encontramos con un español. Un catalán que llevaba no se cuánto tiempo viviendo en Tilburg y que según él, no había visto a un español en tres años. Os podéis imaginar la emoción y el entusiasmo que nos mostró DURANTE TODO EL CAMINO. Empezó siendo la típica conversación de "cómo os llamáis, qué estudiáis, cuánto tiempo lleváis aquí..." y terminó siendo un "Españoles por el mundo" protagonizado por él. Resulta que la residencia estaba de camino a su casa, así que nos acompañó. Nos acompañaron él y su bicicleta. Su bicicleta ocupaba un espacio vital en la acera, así que yo me quedé atrás. Yo y mis fotos. Qué pesssssssado era. No paraba de hablar, y de hacer promoción de Tilburg "¿Habéis visto tal? ¿Habéis visto cual?" A Mario le vino bien, porque no conocía la mitad de lo que le contó... pero era un poco cansino. Encima, cuando decido hablar me interrumpe para contar no se qué mierda de no se qué edificio. No recuerdo cómo se llamaba, le bautizamos como el "frikiespañol". ¡Ah! Y algo que recuerdo de la conversación es que dijo que el neerlandés era un idioma muy dulce. ¿MUY DULCE? Por Dios, si incluso en una niña pequeña y adorable cuando lo habla parece invocar al demonio. El tío le dio su email a Mario para que contactase con él cuando quisiese hacer excursiones, incluso en su coche. Yo le dije a Mario que ni se le ocurriese subir con él.

Y nada, subimos los 6 pisos, yo me duché porque al día siguiente no me quería levantarme más pronto todavía porque ¡iríamos a Amsterdam! y estuvimos hablando hasta que nuestros ojos decidieron cerrarse. Los de Mario fueron los primeros. A todo esto, justo ese día cambiaban la hora, y nos costó saber de cuando a cuando. Lo jodido iba a ser despertarse a la hora adecuada al día siguiente porque habíamos quedado a las 11 creo en la estación Central. Ya os contaré que pasó


 Ser sin forma definida


 Calle de Tilburg 


 Universidad


Muchas bicis


 "Historia de la economía" (lo que tiene en la mano es el sello de la discoteca)


 Por favor, fijaros en las sillas


Otoño


 Pareja en el bosque


Coffeshop


*En el próximo capítulo...
Despertares
En busca de cambio
Moni haciendo amigas de 60 años
Trasbordo en 's- Hertongenbosch
Llegada a Amsterdam


12 nov. 2011

Día 1. Patatas con mayonesa

En capítulos anteriores*
Llegada a Amsterdam
Viaje en tren a Tilburg
Reencuentro con Mario y Mónica



Llegamos a la habitación de Mario y muy a pesar de Moni nos ponemos a deshacer las maletas. Que el bonico nos había dejado espacio en su armario y unas baldas de su estantería. Es que estaba allí, estaba en esa habitación que me había enseñado hace tiempo por skype. Muy espaciosa e iluminada. Hacemos un poco de vida allí pero al rato salimos a la cocina a relacionarnos. Me contaron la llegada de Moni y lo poco que respeta las costumbres holandesas. Le presentaron a Martin, uno que vive en la residencia. Allí son muy tímidos y no cogen confianza rápido, para presentarse se dan la mano y sólo cuando hay mucha confianza se dan 3 besos. Pues llega ella para romperle todos los esquemas al pobre hombre e invadir su espacio vital. Cuando se presentan coge ella y le da dos besos, el pobre muchacho ya que se los daban quería dar el tercero y Moni no lo sabía así que dijo:
-Ah, ¿que son tres? PUES VALE
Y le planta otros 3 besos. Martin, que no esperaba ni uno se llevó 5 besos. El pobre se puso colorado... pero bueno, ¡que espabile! Os podéis imaginar las coñitas sobre lo sucedido y ya dijimos que al final del viaje tenían que acabar liados. Aunque Moni ni siquiera se sabía su nombre, le llamaba Marco u otros nombres que empezaban por "Mar".

Teníamos hambre, yo sobre todo porque no había comido desde las 9 de la mañana. Creo que eran las 7 o así. Así que fuimos a comprar al Albert Heijn. Moni estaba desbordada de emoción al ver los cartelitos en neerlandés, yo también lo estaba. Dimos vueltas y vueltas en busca de (redoble de tambor) EURO SHOPPER. Marca blanca, baratísima que tenía de todo para todos. Por la módica cantidad de 5€ hicimos una buena compra. Con su pasta, sus pizzas, su leche, sus galletas, etc. Tuvimos un dilema porque no entendíamos la oferta de las cervezas así que preguntamos a una chica que no sabía tampoco y fue a preguntarle a otro. Escucharles hablar nos dejó fascinados. Al final entendimos la oferta que eran 12 botellines Heineken (mi favorita) por 5€... SÓLO CINCO EUROS. Volvimos a la resi para cenar las pizzas que habíamos comprado. Yo incluí en la lista un pompero de 40 cts.

No había horno, pero sí un microondas al que Mario siempre había infravalorado. Veíamos muchos dibujitos y botones, descongelar, que si pizza, que si tal... estuvimos probando hasta que dimos con la clave. El microondas incluso te calculaba los minutos que tenías que ponerlo. Estábamos impacientes (ya lo veréis). Cenamos, y mientras íbamos conociendo a más gente de la residencia. Estaba una polaca (creo) con su novio, conocimos también a un rumano con buen culaco, un español que me cayó muy bien y estuvimos con Paula además.
Después de cenar nos pusimos a beber cerveza, y empezaron las pompas a volar... y las fotos, nos hicimos muchas fotos.

Paula se iba pasando por el salón a enseñarnos cómo se estaba maquillando para Halloween y le ayudamos a romperse una camiseta para la ocasión. Arrancar mangas mola mogollón.... tenéis que probarlo. Nos decidimos nosotros a maquillarnos también. Cómo mola hacerlo sin intención de que quede bien. Aunque quedamos MUY bien, para Halloween digo. Una vez terminados, tenemos que ir al centro para ir al local y darlo todo. Había que ir en bicicleta y necesitabamos dos. El chico majo español (que no recuerdo su nombre) nos dejó la suya y otra que había comprado por 5€. Os la describo:
-No tenía frenos
-Una rueda estaba un poco deshinchada
-Las ruedas eran enanas
-Al pedalear hacía un ruido raro y costaba mucho
-La dirección estaba torcida.

Sí, amigos, lo tenía todo... y adivinad quién se la quedó. PUES YO, CLARO QUE SÍ. Como soy tan torpe, lo bueno es que si me caía y me cargaba la bici no pasaba nada. Nos costó horrores coger el ritmo, intercambiamos bicis pero no me aclaraba... incluso a Paula se le engancharon los cordones. Con la que llevaba Moni no me hacía porque se frenaba pedaleando hacia atrás... así que Mario me dejó la suya (esa que era altísima). Me costaba subir pero una vez que lo hice, ya todo fue maravilloso. Llegamos muertos, más de lo que aparentabamos (y Mario ni os cuento, teniendo que pedalear el doble). Las aparcamos en un parking de bicis gratuito y nos fuimos a la fiesta.

El local muy cuco y ambientado. El puertas... era... os juro que ahora mismo no recuerdo si era hombre y parecía mujer, o era mujer y parecía hombre. Creo que lo último. El caso es que era de un sexo y parecía del otro. Daba mucho miedo, y disfrazad@ más todavía. Lo primero que tomamos fueron unos tequilas. Empezamos bien. La música un poco mierder porque allí es todo como muy electrónica y yo esa música me la paso por la brenca. Pero bueno, te lo pasas bien igualmente... pusieron la de "every teardrop is a waterfall" y ahí nos animamos bastante. Moni socializaba y le arrimaban cebolleta, uno que iba de presidiario. Tomamos cerveza, muy barata que a mi me gustó pero a Moni no. Bailábamos, lo dábamos todo. Los tequilas seguían rulando, y las cervezas y todos MUY contentos. En un momento, salimos a la calle a tomar el aire y Moni y yo nos dedicábamos a dar vueltas para marearnos. Lo sé, pero así somos ¿qué pasa? Yo me partía al verla en el suelo sin poder moverse. Además había más españoles, sólo recuerdo a Miguel... ah! Y nos pusimos a hablar con una negra disfrazada de ángel que nos estuvo contando su puta vida. Que si nació en no sé donde, que si vivió en no sé donde, que si ha estado en no sé donde. Y que le gustaba más Madrid que Barcelona, pero no sabía decirnos el por qué "I don't Know" lo repitió como 48 veces. PUES VALE, NO LO SABES. Qué pessssada.

Algunos se fueron a un Kebab a comer algo (mientras hablábamos con esa) y luego nos reunimos todos. Estábamos agotados y aún así Moni y yo haciéndonos fotos, con todo el maquillaje corrido. Y la que nos esperaba, a la vuelva con las bicis. No os recomiendo montar en bicicleta borrachos. No. Y tampoco os recomiendo tomar antihistamínicos con alcohol... pero eso ya os lo contaremos Aída y yo en otra ocasión. El caso es que con la bici maldita ir borracha es peor todavía porque a parte de que iba haciendo "eses" con la dirección desviada ni os cuento. El caso es que en mi camino se me cruzan dos chavales. Yo tuve que SALTAR de la bici para frenar y no caer todos. Solté un:
-JODER, QUE NO TENGO FRENOS.
Y entonces ellos me empezaron a hablar en su idioma. Yo pensé "perfecto, no me entienden" y me dediqué a insultarles un rato.
-Venga, que sí... cabrones. Hijos de puta, que os den mucho por el culo. Que os follen mamones. Niñatos de mierda, dejadme en paz. Que no entiendo vuestro puto idioma, idiotas.... y un largo etc.
Hubo un momento en el que tenía que parar, y supe cuál fue. Cuando vi unas patatas con mayonesa volar al lado de mi cabeza. ¡¡¡Los muy cabrones me habían tirado patatas con mayonesa!!! Lo mejor de todo es que no me dieron. Osea, se gastan 6 pavos en esas patatas para tirarselas a una española borracha que casi les atropella. Seguimos nuestro camino y Mario dijo que nos estaban siguiendo. Os confieso que sentí miedo. Les dejamos pasar, me insultarían y siguieron su camino. Casi me choco con la bici de Moni.... aguanté medio camino con la bici maldita pero luego se la cambié a Mario. Vale, esa bici era mucho mejor pero muy alta (como llevo repitiendo en todo momento). ¿Cómo me iba a subir ahí? Me costaba mucho. MUCHO. Pero lo conseguía.... aunque en una de esas fue inevitable y ME CAÍ. Me caí estando de pie, que es lo más triste de todo. Yo iba la última, me paré no sé por qué... el caso es que quería volver a subir y cada vez que lo hacía giraba el manillar y la bici se iba a un lado. En una de esas que pongo los pies pero la bici había girado tanto que se caía a un lado y yo era incapaz de mantener el equilibro con el peso empujándome y caí inevitablemente. Creía que nadie me había visto, pero Mario oyó el golpetazo. Me preguntó si estaba bien, y lo estaba (tuve la suerte de caer un césped) luego conseguí domar al bestia y llegamos vivos a la residencia.

Aparcamos las bicis, que la maldita... es que hasta su candado era una mierda y estuvimos media hora intentando abrirla. Aunque lo peor era subir los 6 pisos. Fueron los más largos de todo el viaje, sin duda. Pero claro, no nos íbamos a dormir con las pintas que teníamos... así que nos fuimos a duchar. La odisea del baño prefiero ahorrároslo. Al final, caímos rendidos en la cama.



Moni impaciente por la pizza



Antítesis entre la edad adulta y la infancia



Parking de bicis



Tequilacas



Mi marca



*En el próximo capítulo
Desayuno en la cama
La foto más desconcertante del mundo
Paseo por el bosque
La danza de la lluvia
Coffeshop
Regreso con el Frikiespañol

10 nov. 2011

Día 1. s'Hertongenbosch

Procedo a contaros mis aventuras por tierras holandesas, como ya os adelanté en la entrada anterior. Os recuerdo que llegaba a Amsterdam y tendría que ir SOLA a Tilburg.

Me levanto temprano, me ducho y preparo los últimos detalles. Me llevan al aeropuerto. Os parecerá increíble pero nunca he viajado con Iberia. Conocía el autocheck-in por Carol. Lo experimenté en mis carnes. ES LO PUTO MEJOR. En unos segundos tenía mi billete imprimido y hasta la pegatina que le ponen a la maleta que hay que facturar. Entro y ni siquiera me pidieron pasaporte ni DNI. Cogieron mi maleta, le pusieron eso y pa dentro.

Luego llegaba el registro de seguridad. Había una cola inmensa y delante de mi dos señoras que se paraban para dramatizar su conversación. Mi paciencia disminuía por momentos. Llega una bifurcación y como siempre, voy a la cola que es más lenta. Al pasar por el detector me pitó. Me cachearon, mucho. Que te soben las tetas delante de medio aeropuerto no es muy cómodo.

Compruebo que tengo todo (una vez perdí el propio billete en ese registro, pero eso es otra historia) y voy a la puerta de embarque. Qué maravilla... claro, Iberia mola y sus puertas de embarque están cerca y no tienes que andar 20 min por la T4 como pasa con Royal Jordanian (que somos siempre los últimos monos y nos toca ir hasta el final del aeropuerto, que sabéis que pequeñico no es). Me toca esperar. Sabéis que tengo billete free... que eso es guay pero no tanto porque no tengo derecho de asiento. Vamos, que hasta el final no sé si tengo sitio en el avión o qué. Cuando viajo a Jordania esto no es problema porque como tengo enchufe me sientan donde quiero y tal... pero en Iberia no tengo ese poder. Vamos a subir al avión y cuando pasan mi billete da error. Me acojono, pero me pusieron el asiento a boli. EMPEZABA LA AVENTURA.

El viaje bien, me dormí la primera hora y la segunda se me hizo eterna. Estaba rodeada de gente rubia de ojos azules, y blancos. Muy blancos. Aterriza el avión y sigo a la masa. Estaba en Amsterdam, no me lo creía. Se supone que tenía que coger un tren a las 15:10, pues a esa hora bajé del avión. No pasa nada, salen muchos otros. Ando y ando por ese largo aeropuerto para ir a por mi maleta. Afortunadamente sale de las primeras. Mi próximo destino era la estación de tren que está dentro del aeropuerto. Llego y veo esa estación inmensa. Me quedo parada unos minutos mirando la gente y asimilando dónde estaba y lo que tenía que hacer. Me pongo en marcha y voy hacia las maquinitas para comprar mi billete. Era todo muy complejo y sofisticado. Le pedí a dos españoles que tenía delante que POR FAVOR me acompañasen hasta que comprase el billete. No me hicieron mucho caso, porque había que pagar o con tarjeta o en monedas. Así que fui a la taquilla porque no tenía 17€ así sueltos. Mi primera frase en inglés ¡qué emoción! Con mi billete en la mano me dispongo a buscar el anden. No veía nada... y entonces vi un cartelico y bajé unas escaleras.

Llegué a una plataforma, y empecé a andar por él buscando un cartel o algo donde viniese el recorrido del tren. Nunca ocurrió. Tocaba preguntar. Lo hice y una señora me explicó que no era un tren directo sino que tenía que hacer un transbordo de tren, pero que no estaba segura de dónde tenía que bajarme... que ella creía que era en Utrech. El caso es que yo tenía un papel con lo que tenía que hacer, que me lo explicó Mario y lo saqué de una página web, pero no recordaba que lo tenía. Me dijo la señora que era el próximo tren, así que me subí. Recordé que tenía el papelito y lo miré, no ponía nada de Utrech. Me pongo nerviosa y entonces se subió una señora y al verme con la maleta me preguntó de dónde era. Le dije que era de España, y que estaba muy nerviosa porque era la primera vez que iba y tenía que ir a Tilburg sola. Le enseñé el papel y me dijo que no estaba muy segura y que no sabía si era el tren adecuado. VENGA, HASSSSSTA LUEGO. Me quedé con las patas vueltas y sin saber qué hacer, la señora esta se tenía que bajar pero otra chica que estaba en frente vino a ayudarme. Madre mía, qué majos que son. La chica me lo explicó perfectamente y resulta que IBA EN EL TREN ADECUADO EN LA DIRECCIÓN ADECUADA. Contado pierde, pero fueron minutos de confusión máxima, sobre todo con lo que me dijo la mujer. Ya pude respirar tranquila y disfrutar del paisaje. Y entonces asimilé donde estaba. Vi de todo, prados verdes, vacas, caballos, ovejas, granjas, canales, barcos, puentes, molinos, árboles de todos los colores, globos y hasta un cementerio. Era precioso.

A todo esto, estuve llamando a Mario para preguntarle si iba bien o qué tenía que hacer, que no estaba muy segura. No recibí respuesta, y me llama justo cuando me estaba bajando en s'Hertongenbosch, para hacer el transbordo. No se lo pude coger y le llamé yo, el pobre estaba sofocadísimo porque Mónica (que había llegado antes) y él SE HABÍAN OLVIDADO COMPLETAMENTE DE MI. Y esto es así. Me pregunta que dónde estaba y le dije que estaba en un pueblo innombrable. Mario se asustó, mucho... y me dijo si era Hertongenbosch. Grité un SÍ emocionada, y entonces me dijo que me faltaba poco, que él ya estaba en la estación que había ido en bici corriendo. Pregunté a una chica qué tenía que hacer y me dijo que en 2 min llegaba el próximo tren en dirección a Tilbur Universidad. Así era, esa estación tenía una pantallica como en Renfe y tal. Tardé 20min.

Por fin llego y veo a Mario al otro lado del andén. No sabría describiros ese momento, y menos el del abrazaco que nos dimos. Había llegado sana y salva, y estaba con Mario. Me dejó su bici por si quería subir, pero era altísima y veía que me dejaba la dentadura en el suelo. Por el camino nos encontramos con Moni que venía sofocada pensando que llevaba esperando en la estación una hora. Se disculpo 8000 veces, cuando no había nada que perdonar (afortunadamente). Y llegamos a su residencia. Un sexto piso SIN ASCENSOR. Y mi maleta pesaba bastante. ¿Os acordáis de aquel capítulo de Friends en el que suben un sofá? Pues algo parecido pero menos complicado. Entre los tres cogimos la postura y fuimos subiendo poco a poco. Nos paramos a hablar con un italiano (que nos dio la vida) y llegamos por fin a su habitación.


La estación



Los holandeses y los nombres de sus estaciones



Vistas desde la ventana de Mario




*En el próximo capítulo
Mónica invade el espacio de Martin
Compra en el Albert Hein
Fotos y pompas
Maquillaje
La bici maldita
Fiesta de Halloween
Vuelta a la residencia