31 dic. 2011

Fin de año

Lo sé, aún no he terminado la crónica de Amsterdam... próximamente estará en sus pantallas (la escribiré en unos días y luego trampearé la fecha, como hago siempre).

Pero es que no podía dejar pasar la ocasión de escribir mi ya tradicional entrada de fin de año. No sé muy bien qué escribir, le he echado un ojo a las otras tres entradas que lleva el blog y me han entrado ganas de vomitar arcoíris. PUKE RAINBOWS. Y eso que cada año me ha ido "peor" pero aún así yo super optimista y con ganas de empezar el año. Hoy no, hoy me da una pereza increíble.

Y no ha sido un año malo, ni mucho menos... no me parece justo calificarlo así pero tampoco ha sido para tirar cobetes. Esta frase me servirá para el resto de mi vida, no existe la perfección y un año es muy largo como para que todo te salga bien. De lo que tengo ganas es de que pase rápido, soy muy impaciente y necesito resultados, necesito saber que avanzo a algún sitio.

Así que queridos amigos, sé que con vosotros se me hará mucho más llevadero. Gracias por seguir ahí y levantarme siempre cuando me caigo, que soy muy torpe... ya sabéis.
A ver qué nos depara este 2012. Feliz año a todos.



Os dejo una canción que siempre me anima cuando me da bajona porque no consigo algo:


Y como dicen:

They say the defenition of madness is doing the same thing 
and expecting a different result...


Sencillo, pero hasta que no te das cuenta no lo entiendes. Este ha sido el brico-consejo de hoy ¡hasta la próxima semana!

22 dic. 2011

Día 4. Qué cansada está...


*En capítulos anteriores....
Reencuentros
Paseo por Amsterdam
Barrio Rojo y Coffeshop
Cena en el italiano
Sonambulismo de Carlos

Como ya os contaba en la entrada anterior, Carlos madrugaba para ir a una clase que tenía... yo me quedé en la cama hasta que fueron las 10 y me levanté, desayuné, me duché recogí y repasando una y otra vez todo lo que llevaba y debía llevar (las llaves, muy importante) fui a la aventura sola por Amsterdam. No recuerdo a qué hora saldría Carlos y me encontraría con él pero era para la comida, así que tenía unas 3 horas para pasear tranquilamente y visitar zonas importantes de la ciudad. Estaba acojonada. Yo, sola, en una ciudad que no conocía, y una ciudad como Amsterdam en la que puedes morir atropellado por; tranvía, coches, motos y bicicletas... y con lo despistada que soy, ¡memía! Pero es evidente que sobreviví.

 Era la primera vez que hacía algo así, sobre todo el hecho de poder hacer lo que quisiese, en el tiempo que quisiese. Normalmente cuando vas de turismo te fijas unos objetivos que ver al día y tal... yo no, nada... tenía mi libertad y un mapa. Que esa es otra, mi sentido de la orientación es ojete puro, y tenía mucho miedo de perderme. Pero que si lo hacía, tendría tiempo para volver o ya me encontraría Carlos. No sé, estaba ilusionada con el plan.

Salí de casa, para coger el bus que me llevase a la estación central, y de ahí a visitar los monumentos que más grandes estaban en el mapa. No recuerdo el nombre de ninguno. Mi primer objetivo era llegar a una cúpula muy grande y llegué sin problemas, ese fue mi éxito y de ahí sólo podía ir hacia arriba porque resultaba que sabía interpretar un mapa. Estaba maravillada con los canales, puentes, y el paisaje otoñal de la ciudad. Hice millones de fotos, y a mi ritmo... lo que pasa es que quería salir en alguna ¡claaaaaaaro! y como la vena choni de autofotos no lo llevo muy bien, me encontré con un grupo de españoles así que no tuve problemas en pedírselo. La cosa era que como siempre que le pides una foto a alguien, te saca a ti, medio suelo y corta el monumento o no sale. No sé cómo coño lo hacen para sacar una foto tan descuadrada y tan mala. Lo bueno de que fuesen españoles es que antes de que me hiciesen la foto les explicaba cómo la quería, que saliese esto, yo a tal sitio... Eran majos, y allá donde fuese me los encontraba así que cuando me veían ya sin pedirles foto se acercaban a hacérmela. Pero llegó un momento en el que cada uno siguió su camino y ya tuve que empezar a pedirles fotos a turistas como yo. Le pedí a un matrimonio inglés que me hiciesen una foto en una calle llena de casitas con escaleras y tal... el señor tardó media hora para al final no hacer la foto, le expliqué que tenía que darle más fuerte al botón y me puse en posición. Empezó a probar encuadres, que si a lo alto, que si a lo ancho, la mujer discutiendo con él sobre cómo salía mejor... yo les miraba atónita. Al fina sí me hizo la foto pero no como yo quería, DABA IGUAL con mi super sonrisa les dije que me encantaba y les di las gracias. En cambio, a una china/japonesa/koreana sabía que no tendría que decirle nada y me hizo una foto estupenda en un canal.

Pasé por delante de la casa de Ana Frank sin saberlo ¿cómo no pude darme cuenta? Ya no sólo porque hay un pequeño cartel que te lo indica, sino por la cantidad de gente haciendo cola... el caso es que no me di cuenta y estuve media hora buscándola. Y me daba igual, ehh... porque la zona en la que está y las calles de alrededor son preciosas. No quiero olvidarme de cuando estuve en la plaza esta donde está el Madame Tussauds y había un hombre disfrazado MUY BIEN de Freddy Krueger haciéndose fotos con la gente y yo hice una foto al museo desde lo lejos sin darme cuenta de que le hacía una foto a él también. Yo estaba concentradísima y ni me había percatado de que estaba allí, pues al bajar la cámara y mirar al frente le vi mirándome. Casi me da un marichalazo. Me tuve que sentar. Qué hijo de puta.

Ya me llamó Carlos y quedamos para comer. Me pillaba de camino a visitar una mezquita y cuando llegó ya fuimos juntos. Era una mezquita convertida en una peluquería. Mega fan de los holandeses que convierten mezquitas en salones de belleza e iglesias en discotecas. Nos comimos un kebab al lado de unos mendigos en una plaza donde había una catedral muy bonica. Carlos se manchó los pantalones, me parece  un dato importante. Ya con un conocedor de la ciudad como Carlos no tenía nada que temer y me enseñó unos edificios okupas pintados muy originales. Fuimos a una universidad y me gustó esa mezcla "antiguo- moderno" de los edificios para hombres y mujeres. Nos tomamos unas cervezas en la cafetería, música de fondo y conversación profunda. Gente, no tiene absolutamente nada que ver con nuestras cafeterías, y con la de la facultad de psicología de Somosaguas menos. Y con esa calidad de cafeterías no había nadie, los estudiantes estaban en clase teniendo un billar... UN BILLAR. Pero no podemos compararnos con los holandeses, claro que no.

Después fuimos a dar una vuelta y volvimos al Barrio Rojo donde encontramos la calle más estrecha del mundo. Y vimos una estatua dedicada a la prostitución en frente de una iglesia. Y una teta de cobre en el suelo. Como son, maemía... Esto creo que ya lo he dicho, pero los canales de noche son preciosas con las luces reflejándose en el agua. Qué maravilla, y además nos hizo buen tiempo. Volvimos andando hasta la residencia comprando antes unas cosas en el Albert Heijn (cada vez que quiero escribir este nombre tengo que mirarlo en el pompero que compré el primer día). Al llegar a casa, Carlos se dispuso a hacer la cena. Hizo pollo con una salsa de coca-cola que está bue-ní-si-ma. Qué cenaca, mientras estábamos viendo las noticias de TVE por el portátil. Bueno, los que conocéis a Carlos os podéis imaginar las risas que me eché, y los que no lo conocéis nunca lo podréis saber porque es único. Es rápido, es ágil, directo, tiene respuestas para todo, comentarios para todo e incluso viendo un telediario te puedes MEAR de la risa. Él es la única persona que ha conseguido que me mee de la risa en DOS ocasiones (pero mear de verdad, muy embarazoso todo). Como no, contado pierde... pero era el día de Todos los Santos y estaban haciendo un reportaje de la gente que iba al cementerio a dejar flores o limpiar tumbas, entonces aparece una señora mayor muy afligida diciendo que "son muchos ya a los que ha enterrado" y Carlos que estaba haciendo otra cosa me dijo: Mírala, qué cansada está de limpiar lápidas. Pues yo jajaaaaa y venga jajaaaaa... y cosas así.

Y nada, a recoger todo y a dormir, que al día siguiente sería mi última día en Amsterdam y queríamos un parque por la mañana y dar una vuelta de despedida.



En el próximo capítulo
Paseo por el parque
Despedida
Llegada al aeropuero
Esperar asiento
Llegada



















11 dic. 2011

Día 3. Entre fogones

*Previously on Lost trip to Holland
Despertares
En busca de cambio
Moni haciendo amigas viejunas
Llegada a Amsterdam


Los primeros en llegar fuimos nosotros, después divisé a lo lejos a Héctor y Borja y por último y dándome un sustaco por detrás mi querido Carlos. Había estado de fiestaca la noche anterior, y traía ojos de mapache... por el cansancio y sobre todo por intentarse quitar el maquillaje porque se disfrazó de uno de los Kiss, el gato. Lo petó mucho, y sus amigas también. Me encantó tanto verle, no lo imagináis.

Yo estaba encantada de tenerles a todos juntos, y me hacía ilusión que se conociesen entre ellos. De hecho, creo que congenié tan bien con Héctor desde el principio porque me recordó a Carlos, el tipo de humor... no sé explicarlo. En fin, que estaba que me cabía una sandía por el ojete de la emoción.

Lo primero que teníamos que hacer era dejar mi maleta en la residencia de Carlos, ya que me iba a quedar ahí los dos próximos días. Fuimos andando, y de paso entrando ya en el primer contacto con la ciudad de Amsterdam. Recuerdo aquel paseo hablando sin parar con Carlos, hacía mucho que no le veía y le echaba muchísimo de menos. Mónica y Borja andaban a 500 metros por detrás por lo menos, y parábamos constantemente para esperarles (cosa que recuerdo que NO hacían conmigo en Tilburg. Sí, siempre os lo recordaré, cabrones).

Llegamos por fin a la residencia, vimos su habitación (muy cuca) y nos enseñó una terracita que tenían. Descansamos un rato, para volver a tope a visitar toda la ciudad. Para volver al centro cogimos un autobús. Sí, somos taaaaaaaan listos que en vez de coger el bus cuando teníamos la maleta, lo hacemos a la vuelta. No pasa nada, la ilusión te da fuerzas para llevarla. Subimos y atención amigos, estando dentro del bus y SENTADA me caí. Una curva muy cerrada y unos asientos en una orientación que no ayudaban nada. Por si no se notaba por nuestro idioma o el tono de voz, eso ya les hizo ver a todos que eramos españoles.

Empezamos a pasear y vimos una acampada en una plazita, con un pancartas guays y una furgoneta muy chula estilo Coldplay. Muchos edificios preciosos y después de tanto tiempo no puedo recordar ninguno de los nombres, ni calles, ni plazas.... no sé nada así que lo cuento un poco por encima y como pueda. El caso es que llegamos a una calle llena de restaurantes y ya había hambre, estos se fueron al wok to walk y yo como soy tan especialita me fui a un burguer a comprar un menú de toda la vida. Recuerdo que se me colaban constantemente, y con lo que soy yo con eso... pero no iba a ponerme chunga, y menos allí, sola y en inglés. Total, que conseguimos todos nuestra comida y fuimos a una plaza a comer en un banco. Todos estábamos satisfechos con nuestra comida, excepto el pobre Héctor que lo suyo sabía a "vómito de chino" según sus propias palabras. Terminamos y entramos al Albert Hein a comprar galletas holandesas que son el placer máximo.

Después fuimos al Bloemenmarkt, el mercado de las flores y estuvimos curioseando y haciendo muchas fotos. Además, había allí una tienda de hamacas que me resultó muy curiosa. Después fuimos a una plaza donde habían dos señores jugando a un ajedrez gigante en el suelo. Nos quedamos a mirarles un rato y seguimos nuestro camino. A todo esto, se había unido con nosotros Alicia, quien hacía de anfitriona de Héctor y Borja. Cruzamos un puente y tras mucho mucho andar, llegamos a las famosas letras de I am Amsterdam delante de Rijksmuseum si no me equivoco. Nos hicimos las fotos chorras como debía de ser y quiero recordar un momento muy especial, en el que nos hicimos una foto Carlos, yo y Mario aunque parecía más una mujer palestina. Contado pierde, y obviamente no os lo podéis imaginar pero con la capucha que tenía y la forma en la que la tenía puesta, daba muchísima risa. Hay que decir que hacía frío, estaba nublado y chispeaba todo el rato. Para Moni, era el tiempo perfecto.

Después cogimos un tranvía gratis para volver al centro y de ahí ir al famoso barrio rojo. Impresionaba ver a todas esas mujeres en sus cabinas, aunque yo no miraba demasiado. Los canales de noche son preciosos por cierto, con la luz de las farolas y casas reflejadas en el agua. Estuvimos de paseo y buscando la calle más estrecha del mundo, pero no llegamos a encontrarla. En una de nuestras interminables y absurdas charlas, hablando de vestir y demás dijo Carlos: "cuando las latinas salen... que van como apretadas" Bueno, pues de ahí empezó a derivar la cosa, que parecía el título de un documental y le ponían voces y música reggetonera que hacía Borja con la boca, no sé... me reí mucho con eso. Habíamos andado bastante así que decidimos ir a un coffeshop a tomarnos algo. Nos encontrábamos españoles por todas partes, incluso los camareros. Conseguimos que una "fotógrafa" española nos hiciese una foto a todos. Lo pongo entre comillas porque  cuando cogió la cámara de Mario hacía movimientos raros, que resultaba que eran para ver la mejor luz y no se qué mierda, pero vamos... que la foto tampoco salió tan bien.

Después de un rato, nos despedimos de Alicia y Héctor y Borja fueron a por sus maletas porque esa noche se iban a Tilburg con Mario y Moni. Los que nos quedamos, tuvimos conversaciones muy interesantes, y como rallados de la vida que somos nos pusimos a hablar de psicología y Mario, Moni y yo entramos en un debate muy productivo. Carlos escuchaba atentamente, luego a la vuelta ya le estuve explicando un poco cómo iba la cosa y las diferentes corrientes que hay. Habíamos quedado con Héctor y Borja en la estación central para cenar en un restauran italiano que había al lado de la biblioteca. Para hacer tiempo, entramos a verla. Era impresionante, a la entrada había un hombre tocando el piano. La zona infantil era preciosa, con ordenadores ultramodernos y ascensor. Subimos a la última planta y aunque la terraza estaba cerrada, podíamos ver las vistas. Era una pasada.

Por errores de comunicación, al final estuvimos esperando allí a Héctor y Borja y entramos en el restaurante. Era muy cool, me gustó. Tu elijes cómo quieres tu pizza, había pastas... ya sabéis, esas cosas. Lo mejor de todo, es que cuando ibas a pedir, te daban un mando y volvías a tu mesa, y cuando vibraba es que estaba tu comida lista y podías ir a recogerla. Como son, maemía. Quiero comentar, que estábamos todos muy cansados de haber estado todo el día andando y andando por la ciudad (me he saltado mogollón de cosas, como por ejemplo que entramos en una tienda de souvenirs que tenían césped en el techo y vacas al revés y donde Moni se paseó 3 horas, jajaja) el caso es que estábamos como tontitos pero en especial Mario. No os imagináis lo que me pude reír con y de él. Y Carlos estaba on fire no me podía reír más con sus comentarios, con cualquiera.... tenía respuesta para todo. Mario no sabía qué cenar y optó por la pasta, donde el cocinero por cierto, era especialmente guapo. No recuerdo las coñas, pero no dejamos de hablar de él. El título de la entrada viene por un comentario de Mario que decía que tenía muchísimo calor, al estar entre fogones (que era una sartén na más). A mi me dio un ataque de risa por lo que dijo y cómo lo dijo. Fue una cena, de verdad de esas que no olvidas... que puede que no recuerdes exactamente todo, pero cuando te viene a la mente son todo risas y pasarlo bien y estar a gusto. Fue perfecto.

A la salida había un cuenco lleno de ositos de gominola y se los llevaron todos, fue aquello una masacre. Claro, si nos dicen que nos podemos llevar los que queramos... ¿qué íbamos a hacer? Di siempre sí a lo gratis, es free. Llegamos a la estación y tocaba la parte más dura, la despedida. Iba a echar mucho de menos a Mariete :( Y muy a mi pesar, porque no quería que ese día terminase nunca... se fueron y Carlos y yo volvimos a su residencia. Yo estaba muerta de cansancio, se me hizo eterna la vuelta y no podía con mi cadera (que la tengo un poco descompensada) pero llegamos sanos y salvos.

Hablamos un rato, nos pusimos los pijamas y a dormir. Carlos me había avisado de que habla en sueños, pero lo de esa noche no fue normal. Yo dormía en un colchón en el suelo y me acojonaba cada vez que hablaba porque lo hacía muy alto, además se sentaba en la cama y se recolocaba la manta dormido. Entraba luz en la habitación así que le veía perfectamente. A pesar de eso, dormí bastante bien, él el pobre tenía que madrugar porque empezaba una asignatura y bien temprano.


En el próximo capítulo:
Paseo sola por el centro de Amsterdam
Comida con Carlos
Más turismo
La calle más estrecha del mundo
La cena
 Furgoneta a lo Coldplay


 Los del Wok to Walk


 Bloemenmarkt


 La tienda de hamacas


 Ajedrez (pedazo de pie de foto, ehhh)


 Los canales del Barrio Rojo


Parte infantil de la bilblioteca