19 may. 2010

La Zorra y el Leñador

Una zorra, acosada por unos cazadores, la encontrarse con un leñador, le rogó que le facilitara un lugarcito donde guarecerse. El hombre, simulando compasión, la hizo pasar a su choza, para que se ocultara en ella.
Luego llegaron los cazadores y preguntaron al leñador si había visto pasar por ese lugar a una zorra. El interrogado respondió que no, mientras con la mano les señalaba el sitio donde el animal estaba oculto.
Los cazadores no advirtieron bien el gesto del leñador, pero dieron crédito a sus palabras, y la zorra, al ver que se retiraban sus perseguidores, salió son lar muestra alguna de agradecimiento.
El leñador le llamó la atención, porque a pesar de haberla salvado, no había pronunciado siquiera una palabra de gratitud, a lo que la zorra, muy lista, contestó:
-Hubiera agradecido tu acción si tus gestos hubieran estado a corde con tus palabras.


No pregones en palabras tus virtudes si tus hechos demuestran lo contrario

5 comentarios:

  1. Me ha encantado... Estaba pensando que cuando leemos cosas así decimos "cuánta razón", pero luego deberíamos ser capaces de aplicarnos la enseñanza, ¿no crees? Te quería preguntar, tú que tienes estas fábulas, que te gusta, que las recuerdas de la infancia... ¿te vienen a la cabeza en tu vida cotidiana?

    Un besito

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  2. ¡Buena pregunta! Pues la verdad es que si... pongo precisamente esta porque hace poco me topé con alguien así. Bueno, yo y creo que todas.

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  3. Eso es lo que se llama ser un oportunista y un sinvergüenza, además de un traidor, por supuesto. De eso está el mundo lleno.
    Me molan tus fábulas. A mí me gustaría que pusieras más, aunque supongo que no querrás que el blog quede tan monotemático.
    Un besito!

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  4. carlos ya sabes quien24 de mayo de 2010, 19:56

    muy buena! cuanta gente así hay por ahí... lo malo es que aunque no nos demos cuenta seguro que nosotros hemos hecho eso alguna vez, aunque no por sistema...

    un beso

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  5. ¡Qué alegría volve a leerte Elena! Espero verte más por aquí... y pondré más fábulas... claro que sí.

    Aaaaay Carlos, no sé... espero no hacerlo nunca, aunque sea sin querer

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