11 dic. 2011

Día 3. Entre fogones

*Previously on Lost trip to Holland
Despertares
En busca de cambio
Moni haciendo amigas viejunas
Llegada a Amsterdam


Los primeros en llegar fuimos nosotros, después divisé a lo lejos a Héctor y Borja y por último y dándome un sustaco por detrás mi querido Carlos. Había estado de fiestaca la noche anterior, y traía ojos de mapache... por el cansancio y sobre todo por intentarse quitar el maquillaje porque se disfrazó de uno de los Kiss, el gato. Lo petó mucho, y sus amigas también. Me encantó tanto verle, no lo imagináis.

Yo estaba encantada de tenerles a todos juntos, y me hacía ilusión que se conociesen entre ellos. De hecho, creo que congenié tan bien con Héctor desde el principio porque me recordó a Carlos, el tipo de humor... no sé explicarlo. En fin, que estaba que me cabía una sandía por el ojete de la emoción.

Lo primero que teníamos que hacer era dejar mi maleta en la residencia de Carlos, ya que me iba a quedar ahí los dos próximos días. Fuimos andando, y de paso entrando ya en el primer contacto con la ciudad de Amsterdam. Recuerdo aquel paseo hablando sin parar con Carlos, hacía mucho que no le veía y le echaba muchísimo de menos. Mónica y Borja andaban a 500 metros por detrás por lo menos, y parábamos constantemente para esperarles (cosa que recuerdo que NO hacían conmigo en Tilburg. Sí, siempre os lo recordaré, cabrones).

Llegamos por fin a la residencia, vimos su habitación (muy cuca) y nos enseñó una terracita que tenían. Descansamos un rato, para volver a tope a visitar toda la ciudad. Para volver al centro cogimos un autobús. Sí, somos taaaaaaaan listos que en vez de coger el bus cuando teníamos la maleta, lo hacemos a la vuelta. No pasa nada, la ilusión te da fuerzas para llevarla. Subimos y atención amigos, estando dentro del bus y SENTADA me caí. Una curva muy cerrada y unos asientos en una orientación que no ayudaban nada. Por si no se notaba por nuestro idioma o el tono de voz, eso ya les hizo ver a todos que eramos españoles.

Empezamos a pasear y vimos una acampada en una plazita, con un pancartas guays y una furgoneta muy chula estilo Coldplay. Muchos edificios preciosos y después de tanto tiempo no puedo recordar ninguno de los nombres, ni calles, ni plazas.... no sé nada así que lo cuento un poco por encima y como pueda. El caso es que llegamos a una calle llena de restaurantes y ya había hambre, estos se fueron al wok to walk y yo como soy tan especialita me fui a un burguer a comprar un menú de toda la vida. Recuerdo que se me colaban constantemente, y con lo que soy yo con eso... pero no iba a ponerme chunga, y menos allí, sola y en inglés. Total, que conseguimos todos nuestra comida y fuimos a una plaza a comer en un banco. Todos estábamos satisfechos con nuestra comida, excepto el pobre Héctor que lo suyo sabía a "vómito de chino" según sus propias palabras. Terminamos y entramos al Albert Hein a comprar galletas holandesas que son el placer máximo.

Después fuimos al Bloemenmarkt, el mercado de las flores y estuvimos curioseando y haciendo muchas fotos. Además, había allí una tienda de hamacas que me resultó muy curiosa. Después fuimos a una plaza donde habían dos señores jugando a un ajedrez gigante en el suelo. Nos quedamos a mirarles un rato y seguimos nuestro camino. A todo esto, se había unido con nosotros Alicia, quien hacía de anfitriona de Héctor y Borja. Cruzamos un puente y tras mucho mucho andar, llegamos a las famosas letras de I am Amsterdam delante de Rijksmuseum si no me equivoco. Nos hicimos las fotos chorras como debía de ser y quiero recordar un momento muy especial, en el que nos hicimos una foto Carlos, yo y Mario aunque parecía más una mujer palestina. Contado pierde, y obviamente no os lo podéis imaginar pero con la capucha que tenía y la forma en la que la tenía puesta, daba muchísima risa. Hay que decir que hacía frío, estaba nublado y chispeaba todo el rato. Para Moni, era el tiempo perfecto.

Después cogimos un tranvía gratis para volver al centro y de ahí ir al famoso barrio rojo. Impresionaba ver a todas esas mujeres en sus cabinas, aunque yo no miraba demasiado. Los canales de noche son preciosos por cierto, con la luz de las farolas y casas reflejadas en el agua. Estuvimos de paseo y buscando la calle más estrecha del mundo, pero no llegamos a encontrarla. En una de nuestras interminables y absurdas charlas, hablando de vestir y demás dijo Carlos: "cuando las latinas salen... que van como apretadas" Bueno, pues de ahí empezó a derivar la cosa, que parecía el título de un documental y le ponían voces y música reggetonera que hacía Borja con la boca, no sé... me reí mucho con eso. Habíamos andado bastante así que decidimos ir a un coffeshop a tomarnos algo. Nos encontrábamos españoles por todas partes, incluso los camareros. Conseguimos que una "fotógrafa" española nos hiciese una foto a todos. Lo pongo entre comillas porque  cuando cogió la cámara de Mario hacía movimientos raros, que resultaba que eran para ver la mejor luz y no se qué mierda, pero vamos... que la foto tampoco salió tan bien.

Después de un rato, nos despedimos de Alicia y Héctor y Borja fueron a por sus maletas porque esa noche se iban a Tilburg con Mario y Moni. Los que nos quedamos, tuvimos conversaciones muy interesantes, y como rallados de la vida que somos nos pusimos a hablar de psicología y Mario, Moni y yo entramos en un debate muy productivo. Carlos escuchaba atentamente, luego a la vuelta ya le estuve explicando un poco cómo iba la cosa y las diferentes corrientes que hay. Habíamos quedado con Héctor y Borja en la estación central para cenar en un restauran italiano que había al lado de la biblioteca. Para hacer tiempo, entramos a verla. Era impresionante, a la entrada había un hombre tocando el piano. La zona infantil era preciosa, con ordenadores ultramodernos y ascensor. Subimos a la última planta y aunque la terraza estaba cerrada, podíamos ver las vistas. Era una pasada.

Por errores de comunicación, al final estuvimos esperando allí a Héctor y Borja y entramos en el restaurante. Era muy cool, me gustó. Tu elijes cómo quieres tu pizza, había pastas... ya sabéis, esas cosas. Lo mejor de todo, es que cuando ibas a pedir, te daban un mando y volvías a tu mesa, y cuando vibraba es que estaba tu comida lista y podías ir a recogerla. Como son, maemía. Quiero comentar, que estábamos todos muy cansados de haber estado todo el día andando y andando por la ciudad (me he saltado mogollón de cosas, como por ejemplo que entramos en una tienda de souvenirs que tenían césped en el techo y vacas al revés y donde Moni se paseó 3 horas, jajaja) el caso es que estábamos como tontitos pero en especial Mario. No os imagináis lo que me pude reír con y de él. Y Carlos estaba on fire no me podía reír más con sus comentarios, con cualquiera.... tenía respuesta para todo. Mario no sabía qué cenar y optó por la pasta, donde el cocinero por cierto, era especialmente guapo. No recuerdo las coñas, pero no dejamos de hablar de él. El título de la entrada viene por un comentario de Mario que decía que tenía muchísimo calor, al estar entre fogones (que era una sartén na más). A mi me dio un ataque de risa por lo que dijo y cómo lo dijo. Fue una cena, de verdad de esas que no olvidas... que puede que no recuerdes exactamente todo, pero cuando te viene a la mente son todo risas y pasarlo bien y estar a gusto. Fue perfecto.

A la salida había un cuenco lleno de ositos de gominola y se los llevaron todos, fue aquello una masacre. Claro, si nos dicen que nos podemos llevar los que queramos... ¿qué íbamos a hacer? Di siempre sí a lo gratis, es free. Llegamos a la estación y tocaba la parte más dura, la despedida. Iba a echar mucho de menos a Mariete :( Y muy a mi pesar, porque no quería que ese día terminase nunca... se fueron y Carlos y yo volvimos a su residencia. Yo estaba muerta de cansancio, se me hizo eterna la vuelta y no podía con mi cadera (que la tengo un poco descompensada) pero llegamos sanos y salvos.

Hablamos un rato, nos pusimos los pijamas y a dormir. Carlos me había avisado de que habla en sueños, pero lo de esa noche no fue normal. Yo dormía en un colchón en el suelo y me acojonaba cada vez que hablaba porque lo hacía muy alto, además se sentaba en la cama y se recolocaba la manta dormido. Entraba luz en la habitación así que le veía perfectamente. A pesar de eso, dormí bastante bien, él el pobre tenía que madrugar porque empezaba una asignatura y bien temprano.


En el próximo capítulo:
Paseo sola por el centro de Amsterdam
Comida con Carlos
Más turismo
La calle más estrecha del mundo
La cena
 Furgoneta a lo Coldplay


 Los del Wok to Walk


 Bloemenmarkt


 La tienda de hamacas


 Ajedrez (pedazo de pie de foto, ehhh)


 Los canales del Barrio Rojo


Parte infantil de la bilblioteca


3 comentarios:

  1. Qué envidia, en serio. No sé si es que lo pintas muy bien y tal, pero hace poco he viajado y mi viaje no era tan bonito y lleno de experiencias como el tuyo.

    Por cierto, ¡mola un montón tu nuevo diseño del blog!

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  2. Qué alegría Luis, de verdad... pensaba que después de tres meses no se acordaría ni Peter de este blog. Es que he tenido problemas con el ordenador (y tampoco tenía nada que contar, sinceramente)

    No quiero parecer una flipada, o dar envidia... pero lo que cuento es que no es ni la mitad de bueno de lo que fue, ni de lo que hicimos o viví. Era también un viaje muy deseado que surgió en poco tiempo. Y la gente con la que iba no podían ser mejores.

    También es que yo soy muy sencilla y me emociono mucho con todo, soy como muy sentida y cuando disfruto, lo hago muchísimo (pero cuando sufro, pues sufro mucho también) entonces, lo que para alguien es un simple paseo, para mi son muchas sensaciones.

    Ay Dios... AHORA VENGO, QUE VOY A VOMITAR ARCOIRIS.

    Gracias por pasarte ;) y ya verás cómo tendrás muchos viajes y cómo tendrás miles de experiencias

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  3. Aquí no se puede dar a "me gusta" o marcar como favorito o algo así para hacerte saber que he leído tu comentario, así que te lo comento xD.

    Ah, y siénte afortunada por tener esa capacidad de disfrutar las pequeñas cosas. No la pierdas nunca :D.

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